feb. 04 2009
Las nuevas tecnologías y nuestra mente
Es innegable que las Nuevas Tecnologías representan progreso. Sin embargo, como ocurre con la mayoría de los inventos, también tienen efectos negativos. Uno de ellos, que hemos de tener en cuenta especialmente como profesionales de la educación, es el efecto de dichas tecnologías sobre la mente. Aquí las opiniones de los expertos se bifurcan. Unos opinan que Internet reduce nuestra capacidad de memorizar, por convertirse en nuestra memoria, y de leer ya que la cantidad de información a la que estamos expuestos nos obliga a leer superficialmente. Otros consideran que Internet aumenta nuestra capacidad intelectual y se convierte en una ampliación de nuestro cerebro.
Que Internet se convierta en nuestra memoria no tiene porqué ser un problema. Después de todo siempre hemos necesitado libros, apuntes, grabaciones, etc. para suplir las limitaciones físicas de nuestra memoria. Pero hemos hecho esto con muchos otros aspectos: bicis para llegar antes, gafas para ver mejor…Lo que sí hemos de tener en cuenta como educadores es el desarrollo de la capacidad de análisis de aquella información que reciben los usuarios de Internet. Para analizar has de leer en profundidad y saber de donde viene la información. Hemos de aprender a identificar la fiabilidad de la información y hemos de ser capaces de cuestionarla. No podemos exigirles a los niños que absorban toda la información posible y al mismo tiempo que la analicen y sean críticos. El conocimiento auténtico requiere un proceso largo de pensamiento, cosa que Internet no ofrece, pero tampoco impide que recurramos a los libros, los artículos o cualquier texto en papel. Estos permiten al lector leer en profundidad, centrarse en lo que tiene en las manos, subrayar y hacer anotaciones al margen. A la hora de desarrollar criterio, leer textos no muy extensos y hacer pequeños comentarios bien meditados resulta más productivo que hacer largos trabajos sobre temas amplios. Por ello, los educadores deberíamos usar esta práctica como una de las habituales en la escuela y no caer en el error de exigir trabajos que acaban siendo “corta/pega” de información de Internet, trabajos de cien páginas hechos por alumnos que en clase no son capaces de formular una simple opinión sobre cualquier tema de actualidad.
Nuestra capacidad de buscar información fuera de Internet se ve afectada y esto es comprensible ya que pensamos que toda la información que necesitamos está en la Red y por tanto, a nuestro alcance. Sin embargo es importante desarrollar una mayor variedad de recursos. La solución podría ser tan sencilla como imponer un reto a los escolares: buscar cierta información sin recurrir a Internet (temas que requieran por ejemplo preguntar en el ayuntamiento o cualquier otra entidad pública, llamar por teléfono, buscar en bibliotecas, entender que existen bibliotecas y librerías especializadas, etc.).
En definitiva, Internet es un instrumento más que nos puede facilitar muchos aspectos de la vida. Lo hemos inventado y como en otros muchos casos no podemos dejar que su existencia se vuelva contra nosotros. Lo que pueda ocurrir está en nuestras manos, como usuarios responsables, como padres involucrados, y como educadores concienciados. Las nuevas tecnologías no tienen poderes brujos, más que los que les permitimos. Por ellas mismas no nos impiden leer en profundidad, analizar, memorizar, ni ser críticos.
Este artículo se refiere a la forma en que Internet modifica el funcionamiento del cerebro humano, aunque también podríamos hablar de cómo ha modificado las relaciones humanas, especialmente entre los jóvenes que prefieren comunicarse por Internet que hablar cara a cara.
Por último, quisiera añadir una pequeña observación y es que a pesar del acceso a tanta información y a pesar de la manera masiva en que la gente recurre a ella, las conversaciones siguen siendo, por lo general e incluso entre universitarios, tan banales como siempre. Si quieres saber algo interesante pregúntale al Dios Internet…
Silvia Aranda
